Adolescencia y masculinidades: claves para comprender sus desafíos actuales

La adolescencia es una etapa decisiva en la construcción de la identidad, en la que se definen modos de pensar, sentir y vincularse con el mundo. En el caso de los varones, este proceso está profundamente influido por los modelos de masculinidad que predominan en la sociedad y por los mandatos culturales que los acompañan.

Desde muy temprano, los adolescentes aprenden —a veces sin darse cuenta— que para “ser varón” se espera de ellos fortaleza, autosuficiencia, control emocional y competitividad. Estas expectativas no se derivan de manera lineal ni exclusiva de la biología, sino que se construyen en procesos de socialización que asocian ciertas conductas con el prestigio y otras con la debilidad. Así, el mandato de “no ser niño”, “no ser mujer” o “no mostrar vulnerabilidad” se convierte en una regla no escrita que moldea comportamientos, relaciones y hasta modos de cuidar el cuerpo.

Esta construcción tiene consecuencias directas en la salud y el bienestar. La dificultad para expresar emociones, la reticencia a pedir ayuda o la sobrevaloración del riesgo como demostración de coraje son rasgos que pueden traducirse en mayor exposición a lesiones, accidentes, consumo problemático de sustancias o problemas de salud mental no atendidos. Estos patrones no se explican por un único factor: surgen de la articulación entre cuerpos sexuados, historias de vida y modelos de masculinidad que organizan cómo se vive el riesgo, la vulnerabilidad y el cuidado. No es casual que, en la adolescencia y juventud, las principales causas de muerte entre varones estén vinculadas a hechos violentos, suicidios o conductas riesgosas evitables.

Sin embargo, hablar de masculinidades en plural permite reconocer que no existe un único modo de ser varón. Las experiencias de los adolescentes están atravesadas por múltiples factores: clase social, etnia, orientación sexual, territorio, acceso a oportunidades y contextos familiares. Comprender esta diversidad es clave para acompañar procesos más libres y saludables.

Frente a estos desafíos, la oportunidad está en repensar los modelos de masculinidad desde el cuidado. Fomentar espacios donde los adolescentes puedan hablar sobre sus emociones, participar activamente en tareas de cuidado y construir vínculos basados en el respeto y la empatía ayuda a ampliar las posibilidades de ser. La educación afectiva, el trabajo grupal y la escucha sin juicios son herramientas potentes para generar nuevas referencias identitarias que integren sensibilidad, autocuidado y responsabilidad con los otros.

Promover masculinidades cuidadoras no implica negar la fortaleza, sino redefinirla: no como dominio o control, sino como la capacidad de sostener, escuchar y construir junto a otros. Acompañar este proceso es apostar a una sociedad más equitativa y saludable para todos.

¿QUERES SABER MÁS?

Te invitamos a profundizar en este tema en el Ateneo Abierto: “Masculinidades Adolescentes”. En esta ponencia, el Dr. Juan Carlos Escobar y la Lic. Constanza Díaz, nos invitan a reflexionar sobre el riesgo y loportunidades de cuidado en varones adolescentes.

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